Verano y otoño son épocas perfectas para celebrar una boda —como cualquier otro momento del año, para qué engañarse. Cuatro firmas de Uniendo Moda Castilla y León comparten sus consejos para elegir bien desde el principio un vestido de invitada y sacarle mucho más partido a una misma prenda.

Encontrar el vestido de invitada ideal no es tarea fácil. Por ello, una vez se consigue ese modelo de ensueño, el objetivo es conseguir que siga siendo igual de elegante después del verano. Frente a las tendencias efímeras, la moda de autor apuesta por eliminar fronteras estacionales y reivindica prendas concebidas para perdurar, capaces de adaptarse a distintos contextos sin perder sofisticación ni personalidad.

La atemporalidad en los vestidos de invitada se construye a partir de pequeños detalles de diseño.

Esa filosofía es precisamente la que impulsa Uniendo Moda Castilla y León, proyecto liderado por la Consejería de Industria y Comercio de la Junta de Castilla y León. Reúne a diseñadores e industria textil de la comunidad para apoyar, difundir y proyectar el talento creativo de la comunidad a nivel nacional. A través de propuestas que abarcan desde la moda nupcial y de invitada hasta la costura de autor o los tocados artesanales, el proyecto pone en valor una manera de entender la moda basada en el oficio, la calidad y la permanencia, demostrando que una buena prenda no entiende de temporadas.

En este sentido, la moda de Castilla y León pone el foco en varios factores a tener en cuenta a la hora de reutilizar un vestido para celebrar una ocasión especial y revalorizarlo meses después, adaptándose a los cambios de estación con apenas unos ajustes.

El tejido ante todo

Para saber qué vestido llevar más allá del verano, se debe tener en cuenta su versatilidad. Para Alejandro Maíllo, diseñador vallisoletano, la clave reside en el propio diseño de la pieza. «Es fundamental apostar por siluetas limpias y bien patronadas. Un vestido midi, una falda evasé o un corte al bies funcionan muy bien porque nunca pasan de moda«. Una visión que comparte el equipo de diseño de Ángel Iglesias, aunque desde un enfoque más arquitectónico del patronaje. Desde la firma zamorana defienden «la elegancia inquebrantable del corte recto y la sofisticación funcional del patrón camisero«, capaces de mantener su estructura tanto con sandalias estivales como bajo una blazer o un abrigo otoñal.

Por su parte, la leonesa Sara Santiago comparte esa visión de una moda concebida para durar. La diseñadora asegura que «cuando diseñamos un vestido para una clienta, siempre pensamos en cómo puede seguir disfrutándolo más allá de una única ocasión«. En cuanto a los tejidos, apuesta por «crepé, satén de calidad o gasas con buena caída«, ya que permiten que el vestido se adapte a distintos meses simplemente cambiando los complementos. En la misma línea, la diseñadora segoviana Mónica Fuentetaja destaca el jacquard ligero, las mezclas de viscosa y seda o la bambula de seda, capaces de mantener el equilibrio entre estructura, movimiento y comodidad.

De izquierda a derecha, propuestas de Alejandro Maíllo, Ángel Iglesias y Mónica Fuentetaja.

El papel crucial de la colorimetría

El color también juega un papel decisivo a la hora de prolongar la vida de un vestido de invitada. Igual que ocurre con un buen fondo de armario, la paleta cromática puede marcar la diferencia entre una prenda pensada para una única ocasión y otra destinada a acompañar durante años. Ángel Iglesias apuesta por trascender el calendario. «Nuestra paleta de transición se aleja de los neones y los pasteles para abrazar los tonos joya«, una elección con la que coinciden los otros tres diseñadores. Iglesias y Maíllo se inclinan por el verde esmeralda y el azul noche, mientras que Santiago y Fuentetaja mencionan el buganvilla, el terracota y el chocolate. También destacan los colores neutros, como el maquillaje, el champagne o el rosa empolvado.

De izquierda a derecha, vestidos de Ángel Iglesias, Sara Santiago y Mónica Fuentetaja.

En cuanto a los estampados, coinciden también en los motivos florales sobre fondos oscuros, acuarelas difuminadas y botánicos abstractos, como apunta Sara Santiago. Alejandro Maíllo apuesta por «diseños discretos y atemporales«, mientras que Ángel Iglesias recomienda guardar el tropicalismo más evidente para la temporada de verano.

Los accesorios marcan la diferencia

Precisamente son los complementos y el calzado los aliados para reutilizar un vestido de invitada de verano y adaptarlo a los códigos del otoño. Alejandro Maíllo propone sustituir las sandalias por un salón cerrado o un slingback, así como incorporar pendientes de mayor protagonismo. En Ángel Iglesias llevan esa idea un paso más allá, apostando por el juego de contrastes. «Para el otoño proponemos combinar un vestido recto con una blazer de corte oversize o una chaqueta de esmoquin. El contraste entre la silueta del vestido y la estructura masculina respira alta moda«.

A la izquierda, vestido de Alejandro Maíllo. A la derecha, propuesta de Mónica Fuentetaja.

Sara Santiago también apuesta por incorporar capas, chales ligeros o americanas, mientras que Mónica Fuentetaja recomienda completar la transición con un clutch de ante o terciopelo, un cinturón fino para redefinir la silueta e incluso unos guantes finos de piel.

Versatilidad en los detalles

La atemporalidad también se construye a partir de pequeños detalles de diseño. Si bien en verano todo parece más relajado, con el frío las normas cambian. Para Maíllo, «menos es más«: escotes barco o en V bien proporcionados y drapeados sutiles permiten incorporar sobrecapas de organza o cuerpos tipo top para ofrecer nuevas posibilidades de uso.

A la izquierda, vestido de Sara Santiago. A la derecha, propuesta de Ángel Iglesias.

Sara Santiago opta por elementos desmontables, como mangas, sobrefaldas, capas o cinturones, que permitan reinterpretar una misma prenda en distintas ocasiones. «La costura a medida permite crear vestidos versátiles que acompañen a la mujer en diferentes momentos. Frente a una moda cada vez más efímera, diseñamos piezas que puedan reinterpretarse en distintas estaciones. Es una forma de consumir moda de manera más consciente, sostenible y, sobre todo, mucho más personal«.

Finalmente, Mónica Fuentetaja destaca el valor de elementos como las mangas francesas, los botones forrados y los lazos desmontables, detalles que contribuyen a que el diseño siga resultando actual con el paso de los años.

Para más información: https://uniendomoda.es/

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