Bajo el lema «Tejiendo el futuro», la 66ª edición de Filo Milán se consolidó como puente entre tradición e innovación para el sector textil italiano y europeo. Con un 30% de asistentes internacionales y creaciones propias como la iniciativa ‘Made in Filo‘, el evento también trató los desafíos del sector: desde la competitividad hasta la digitalización acelerada y la urgencia de preservar el factor humano.

Filo Milán cerró el 16 de septiembre sus puertas tras dos días intensos en Fiera Milano Rho. Tradición, innovación y desafíos globales se entrelazaron en el evento, bajo el lema «Tessere il futuro» (Tejiendo el futuro). El salón de hilados y fibras se convirtió asimismo en un foro de debate sobre el futuro de una industria que, pese a su peso histórico, debe seguir impulsando su competitividad.

Filo se fortalece en su 66ª edición, con más internacionalización y sinergias
El proyecto ‘Made in Filo‘ puso de relieve la creatividad en el sector textil y de hilaturas.

Desde primera hora, el ambiente en Filo reflejó la magnitud del evento. “Es una feria pequeña en un contexto muy grande”, comentó Paolo Monfermoso, director de la muestra, aludiendo a su ubicación en el enorme recinto de Fiera Milano. El 30% de los asistentes provenía del extranjero, con una fuerte representación de España, Turquía, Francia, Portugal, Países Bajos, Reino Unido e India. “La internacionalización es nuestro motor”, subrayó Monfermoso, quien destacó cómo el evento se ha convertido en un puente entre culturas y mercados. Un factor esencial para un sector que, como recordó Pier Francesco Corcione, de Unione Industriale Biellese, “no es solo moda, sino industria”.

Corcione señaló la importancia del textil en la economía nacional. “Somos el segundo sector industrial más importante de Italia en facturación y exportación. No nos podemos permitir perder nuestra ventaja competitiva”. Su advertencia resonó con fuerza en un contexto donde precios de la energía, burocracia y falta de condiciones equitativas ahogan a las empresas. “No queremos subsidios, queremos las mismas oportunidades que nuestros competidores”, reclamó. Por su parte, Emanuele Ramella, director de la provincia de Biella, instó a las instituciones a actuar con urgencia. “El ‘Made in Italy’ tiene un valor enorme, pero no está escrito en piedra. Sin inversión ni recursos, corremos el riesgo de perder esta fortaleza”.

Paolo Monfermoso, director de Filo.
Paolo Monfermoso, director de Filo.

Innovación tangible en ‘Made in Filo’

La feria presentó una nueva edición de su proyecto Made in Filo, una colección de tejidos concebidos y producidos por la feria a partir de los materiales de los expositores. En este caso, se hizo bajo la inspiración de las tendencias de Botánica. El proyecto demostró el potencial creativo del salón, a través de su equipo dirigido por Rossano Bisio, así como su compromiso con la innovación responsable.

La ceremonia de apertura de Filo reunió a figuras clave como Fulvia Bacchi (Lineapelle) y Matteo Masini (ICE). Ambos reforzaron el mensaje de colaboración transnacional. Masini, en particular, destacó la importancia de potenciar la industria italiana en mercados como India y Turquía, donde, pese a las dificultades de interlocución, existe una “gran capacidad para integrar la industria”. “El futuro pasa por tejer alianzas, no por competir en solitario”, apuntó.

Filo se fortalece en su 66ª edición, con más internacionalización y sinergias
De izquierda a derecha: M. Pozzi (Linificio e Canapificio Nazionale), C. Cigolini (Achille Pinto), S. Aglietta (Italfil), M. Bortolini (Di.Vè), P. Salemi (Vimar HR), S. Tamborini (Confindustria Moda), y la moderadora Laura Ricardi (Unione Industriale Biellese).

El equilibrio de la cadena de valor

La siguiente mesa redonda se convirtió en el epicentro de las reflexiones. Los expertos Michele Pozzi (Linificio e Canapificio Nazionale), Cesare Cigolini (Achille Pinto), Stefano Aglietta (Italfil), Marco Bortolini (Di.Vè), Patrizia Salemi (Vimar HR) y Sergio Tamborini (Confindustria Moda) analizaron los cimientos de un sector en transformación.

Tamborini defendió un modelo donde precios, diseñadores y retail encuentren un punto de equilibrio, mientras que Pozzi, vinculado a la materia prima, advirtió sobre la necesidad de adaptarse a las nuevas circunstancias. “La evolución es inevitable, pero hay que hacerlo sin perder la esencia”, señaló.

Cigolini abogó por una colaboración integral en toda la cadena: desde la trazabilidad hasta la sostenibilidad, pasando por costes y logística. “No se trata solo de vender, sino de construir un sistema coherente”, afirmó.

El debate tomó un cariz más humano con Salemi, quien recordó que el negocio también son personas: “El trabajo manual es invaluable. Hay que invertir en formación y crear una cultura empresarial que valore a los trabajadores”. Su mensaje resonó con fuerza en un sector donde, como advirtió Aglietta, “el precio no siempre refleja el valor real del producto”. “Si el consumidor percibe que algo vale poco, es porque así se lo estamos transmitiendo”.

Entre la digitalización y la preservación de lo humano

Los expertos coincidieron en que el sector debe gobernar su digitalización sin perder de vista el factor humano. Bortolini fue claro: “La IA no debe quitarnos el trabajo. El consumidor está más informado que nunca, y eso es una oportunidad, pero también un reto”. Tamborini, por su parte, propuso un modelo de crecimiento contenido: “Una cadena más integrada, autoconsciente y proyectada hacia el futuro, pero sin obsesionarse con la expansión infinita”.

Pozzi cerró el debate con una reflexión contundente: “La innovación de producto debe crear valor, pero para eso hay que empezar por la transparencia y unas normativas iguales para todos”. Su llamado a la equidad y la coherencia dejó en el aire una pregunta incómoda: ¿Están preparados los actores del sector para asumir estos cambios?

De izquierda a derecha: Dario Casalini, presidente de Slow Fiber; Laura Ricardi, de Unione Industriale Biellese, y Marco Bardelle, cofundador de MagnoLab.

Colaborar para crecer

En un formato más íntimo, la sesión Intrecciare valore (Entrelazar valor) reunió a Dario Casalini (Slow Fiber) y Marco Bardelle (MagnoLab), quienes defendieron una responsabilidad empresarial holística. “Hay que acercar el inicio de la cadena de valor al consumidor”, propuso Casalini. “Concienciar, corresponder lo que se dice con lo que se hace y permitir el error, porque es parte del aprendizaje”.

Bardelle añadió: “La máxima competitividad no está en ser los únicos, sino en colaborar para que todos crezcamos”. Su mensaje de optimismo relativo —“el sector tiene futuro, pero hay que atreverse a cambiar”— cerró con la certeza de que el futuro del textil no se escribe en solitario, sino en red.

Para más información: https://filo.it/

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