El Comité del Consejo Internacional del Algodón (ICAC, por sus siglas en inglés) ha publicado un informe que evalúa décadas de investigación sobre el algodón orgánico desde una perspectiva crítica y multidimensional. El estudio analiza temas como su rentabilidad, impacto, ergonomía y transparencia, entre otros.

El International Cotton Advisory Council (ICAC) ha publicado un informe Keshav R. Kranthi, científico jefe, sobre las investigaciones en torno al algodón orgánico. En lugar de defenderlo sin reservas, evalúa décadas de literatura científica que abarcan la economía, el impacto ambiental, las vulnerabilidades de la certificación y la trayectoria futura de la producción de este tipo de material en su versión orgánica.

Aunque la agricultura orgánica se concibió centrada en el suelo, muchos sistemas de certificación han evolucionado hacia marcos basados ​​en consumos, con listas de sustancias aprobadas y prohibidas.

La agricultura orgánica sigue siendo un nicho dentro de la agricultura mundial, pero su presencia se expande constantemente. El informe destaca que la superficie mundial de tierras agrícolas orgánicas creció de 14 millones de hectáreas en el año 2000 a 99 millones de hectáreas en 2023. Este dato supone el 2,1% de la superficie agrícola mundial total e involucra a más de 4,3 millones de productores certificados.

El algodón orgánico ha seguido esta misma tendencia. Su participación en la producción mundial de algodón aumentó del 1,08% en 2009 al 2,8% en 2024. Durante la última década, el volumen de producción se multiplicó casi por seis, pasando de 112.483 toneladas en 2015 a 659.567 toneladas en 2024.

Crecimiento acelerado más allá del márketing

El informe publicado por el ICAC presta especial atención a varios aspectos controvertidos del algodón orgánico.

La ecuación de la rentabilidad. El algodón orgánico debe equilibrar los menores costes de consumo y las primas de precio de los productos orgánicos con los menores rendimientos del período de transición y los gastos de certificación.

Realidades agronómicas. El sector también debe afrontar las vulnerabilidades de los sistemas orgánicos: presión de las plagas, desafíos del manejo de malezas y, sobre todo, el limitado desarrollo tecnológico de la agricultura orgánica.

Beneficios sistémicos. Asimismo, debe documentar los efectos positivos del algodón orgánico en la salud del suelo, la biodiversidad, el funcionamiento del ecosistema, la captura de carbono, la mitigación de gases y la reducción de la dependencia de agroquímicos.

El desafío de la integridad. Finalmente, debe debatir el papel fundamental de la verificación, los sistemas de cadena de custodia, las auditorías y la trazabilidad para proteger su credibilidad y la confianza de los consumidores.

¿Agricultura orgánica vs. agricultura regenerativa?

El informe destaca una paradoja fundamental en la sostenibilidad moderna. Aunque la agricultura orgánica se concibió centrada en el suelo, muchos sistemas de certificación han evolucionado hacia marcos basados ​​en consumo, con listas de sustancias aprobadas y prohibidas.

Esta tensión ha impulsado el creciente interés por la agricultura regenerativa. A diferencia de la agricultura orgánica, los sistemas regenerativos se centran más directamente en resultados medibles, como el carbono del suelo, la biodiversidad, la resiliencia y el funcionamiento del ecosistema. A la vez, ofrecen a los agricultores mayor flexibilidad en la gestión de los riesgos de producción.

El informe sostiene que el futuro de la producción sostenible de algodón dependerá menos de la división entre sistemas orgánicos y convencionales. Serán más relevantes otros enfoques referidos a la salud de los suelos, a la resiliencia de los sistemas agrícolas resilientes, trazabilidad fiable, ingresos estables para los agricultores y al logro de un menor impacto ambiental.

Para más información: https://icac.org/

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