El cambio climático también causa estragos en los cultivos textiles: lino europeo
La Alianza Europea del Lino y del Cáñamo advierte sobre los efectos del cambio climático y las olas de calor en el cultivo del lino, compensados por las mejoras en el sector.
El sector europeo del lino ha enfrentado las altas temperaturas y la sequía estival, agravadas por el cambio climático, que han acelerado su ciclo de cultivo y desestabilizado su calendario tradicional.

Según la Alianza Europea del Lino y el Cáñamo, aunque el impacto global ha sido menor de lo esperado, la recolección se ha adelantado unas dos semanas, pasando de un ciclo de 100 días a 90. Esto ha obligado a los agricultores a reajustar sus planes, desde la siembra hasta la fase de enriado, donde la falta de humedad ha alargado los plazos.
Tradicionalmente, el lino se siembra entre mediados de marzo y abril, cuando el suelo ya no corre riesgo de heladas. Sin embargo, las altas temperaturas han acelerado su maduración, adelantando el arranque —el lino no se corta, para preservar la fibra— y reduciendo el tiempo de secado natural sobre el terreno. Este proceso, conocido como enriado, depende de la humedad y el sol para que los microorganismos descompongan las pectinas que separan la fibra de la paja.
En 2026, la escasez de lluvias en la franja costera que va desde Bretaña hasta los Países Bajos —donde se concentra el 75% de la producción mundial de lino de fibra larga— ha complicado esta fase. Así, la cosecha comenzó en septiembre, en lugar de en agosto. Pese a todo, ha arrojado volúmenes satisfactorios.
Innovación y adaptación: el lino de invierno gana terreno
Ante este escenario, el sector está apostando por dos estrategias clave: la diversificación de variedades y la adaptación de calendarios. La evolución del lino depende del clima, y por ello, se están explorando nuevas variedades y técnicas de siembra escalonada.
Una de las soluciones más prometedoras es el lino de invierno, que se siembra en octubre y tiene un ciclo vegetativo más largo. Esta modalidad coincide en el tiempo con el lino de primavera (sembrado en marzo) y ya representa entre el 30% y el 35% de la superficie europea, frente al 16% que ocupaba en 2024. Además, se están investigando decenas de variedades para identificar las más resistentes a la sequía, el estrés hídrico y las enfermedades.
El desarrollo de una nueva variedad no es rápido: requiere unos diez años de investigación y ensayos por parte de instituciones como Arvalis. Cada año, se prueban múltiples opciones para evaluar su rendimiento, resistencia y adaptabilidad. Gracias a este trabajo, problemas como la fusariosis —una enfermedad que en el pasado podía arrasar parcelas enteras— son hoy mucho menos frecuentes.

Suelos más sanos y demanda al alza
El lino no solo se adapta al cambio climático, sino que contribuye a regenerar los suelos. Su cultivo sigue un ciclo de rotación de siete años, lo que mejora la estructura del terreno y reduce la necesidad de químicos. Esta propiedad, junto a su baja demanda de agua —se cultiva sin riego— y sus propiedades transpirables, lo convierten en una materia prima cada vez más valorada.
En una década, las tierras europeas dedicadas al lino se han más que duplicado, alcanzando las 220.000 hectáreas en 2026. Francia acapara casi el 90% de la superficie cultivada, con un crecimiento notable en regiones como Bretaña, donde el clima empieza a alinearse con las necesidades del cultivo
En cuanto a producción, el año pasado se cosecharon 190.000 toneladas de lino de fibra larga, según datos de la Alianza. Aunque representa menos del 0,5% de las fibras textiles mundiales, su uso en moda y equipamiento del hogar está en aumento, por su ligereza, resistencia y propiedades termorreguladoras.
La creciente relevancia del lino ha llevado a la Alianza a reforzar su presencia en eventos, como la Semana de la Moda de Nueva York o el Linen Day, encuentro organizado en París que celebrará su segunda edición el 24 de junio de 2027.
Para más información: https://allianceflaxlinenhemp.eu/en
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