Cibeles, el regreso de los clásicos
Adolfo Domínguez sube de nuevo a la pasarela y lo hace con estilo y con su sello característico: un pret-a-porter relajado, con un punto casual, de arquitectura sencilla, línea limpia y pura y algún que otro juego de patrón muy discreto. En un momento en que la empresa entra en números rojos y sus planes de crecimiento se ven frenados, es una buena oportunidad aprovechar la plataforma de Cibeles para que la marca vuelva a estar en boca de todos y recupere cierto brillo perdido durante la fuerte expansión en retail.Más transgresor fue Roberto Verino, que en su regreso quiso estar a la altura con una colección de elegancia clásica, con ciertas dosis de misterio y morbosidad que dan las máscaras. Recupera el glamour de alta sociedad, pero en versión contenida, sobria y seria, en blanco-negro-gris, en la que suaviza el rigor la línea pura y arquitectónica con propuestas más fluidas y envolventes.
José Castro vuelve a ser el rey el Cibeles. El diseñador gallego sube el listón de la pasarela madrileña con una nueva colección que bebe de la cultura pop de los 80, de los colores planos intensos del Nueva York de entonces, y el inicio del posmodernismo con los guiños a Rabanne o a Lacroix. Excelente también la propuesta de feminidad de Lydia Delgado, una mirada a la mujer de la España de los años 30, a la burguesa, en su versión más casta y en su bouodoir, con los rosarios y los lazos negros con los que acentúa el deseo.Apuntar el arriesgado desfile de Ágatha Ruiz de la Prada, con apuntes más surrealistas de lo habitual. Creo que el público español está preparado para degustar una colección como la que presenta en Milán y no entiendo porque aquí resuelve el desfile con prendas más sencillas. También arriesgado fue el de los Ailanto, en la que suavizan su explosión de estampados con más monocromías. Abusan del oversized, de tejidos demasiado lustrosos y fuerzan mezclas de materiales para la mujer intelectual y cercana a las vanguardias, que han venido trazando. Más extraña fue la propuesta de los Victorio&Lucchino, con un intento de dar glamour al punk con seda. Una propuesta irregular, con vestidos muy en su línea y otros que juegan a la mezcla sin sentido.Aplaudir las construcciones geométricas de Devota&Lomba, que perfecciona las arquitecturas en papiroflexia y las superposiciones de planos. El color da armonía al conjunto. Sensacional también Juanjo Oliva, que esta vez se atreve con el color y los estampados en vestidos que construye con el juego de líneas y geometrías.También estuvo a la altura la propuesta del mallorquín José Miró, que sigue investigando las formas orgánicas y trata de reproducir el movimiento del agua o del viento en prendas suaves y muy delicadas. Colección ganadora es también la de Lemoniez, que juega con la sencillez y pone en ingenio en detalles de corte muy elaborados.Miriam Ocáriz propone un verano muy Miriam Ocáriz, para fans de la casa: incorpora sus estampados, mantiene las vaporosidades, que contrarresta con piezas más rígidas, y trabaja un patrón de trazo orgánico. Aburrida la colección de Ángel Schlesser, con un pret-a-porter clásico y contenido, sin sorpresas. La propuesta de Antonio Alvarado fue la de dar un punto de glamour al universo sportswear, una idea ya muy vista y a la que no aporta nada nuevo.Muy irregular fue la propuesta de Francis Montesinos, que presentó en Madrid y pocas horas después, en China. De ahí los aires orientales que tomó la colección, un mejunje de muchas culturas, unas veces más acertado que otras. Le salvan, como siempre, piezas extraordinarias en punto y alguno de los vestidos vaporosos estampados muy efectistas con los que inunda de color la pasarela.Hannibal Laguna se mantiene firme en lo que le funciona: un glamour clásico de diva de Hollywood de los 40 en seda.
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| Ágatha Ruiz de la Prada |
Ailanto |
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| Ángel Schlesser |
Antonio Alvarado |
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| Devota&Lomba |
Francis Montesinos |
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| José Castro |
Juanjo Oliva |
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| José Miró |
Lemoniez |
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| Lydia Delgado |
Miriam Ocáriz |
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| Victorio&Lucchino |
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