En proceso de creciente urbanización, las élites renacentistas rivalizan en el consumo de obras de arte y artesanía caras y refinadas, de muebles y ornamentos lujosos, todo lo cual constituye un proceso crucial para el nacimiento de la modernidad. Cada vez se cuida más el aspecto de la persona, a lo que contribuye el arte del retrato, y artistas como Durero se esmeran en la forma en que se presentan al mundo.Al mismo tiempo, el arte sartorial se transforma con el descubrimiento de nuevos materiales y técnicas de corte y de cosido, y con las nuevas modas masculinas, con trajes más ajustados, además de las continuas innovaciones en materia de accesorios. El desarrollo de una nueva identidad burguesa bien definida y los contactos comerciales con Oriente contribuyeron asimismo al incremento de la producción y comercialización de todo tipo de artículos suntuosos.La lujosa indumentaria formaba parte importante de las ceremonias cortesanas, y esa afición desmesurada a la ostentación provocó en su día, como pone de relieve la autora, las críticas de algunos escritores humanistas como Montaigne, que censura las modas siempre cambiantes, la artificiosidad creciente y la afición a todo lo nuevo por el sólo hecho de serlo.A través de la forma de vestir determinadas sociedades expresaban simbólicamente sus ideas sobre el poder, la propiedad, la independencia política, el sexo, sus creencias, su profesión o su pertenencia a un determinado grupo social.Pero el Renacimiento es al mismo tiempo una época de gran curiosidad por otros mundos, y así Durero viajó a Venecia, donde copió los estudios de orientales de Gentile Bellini, o Amberes, donde pudo admirar tantas maravillas importadas desde otros continentes como el americano.