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Presentan «Zapatos de cristal», el primer estudio sobre las aparadoras del calzado


Zapatos de cristal es un estudio que recoge 1.106 encuestas que se realizaron a trabajadoras de 11 municipios, 549 en fábricas y 557 a domicilio. Las localidades que abarca son Villena, Petrer, Elda, Pinoso, Monóvar, Sax, Elche, Catral, Callosa del Segura, Aspe y Vall de Uxó. En las entrevistas se demuestra, según explicaba ayer Neus Pont, ex responsable de la secretaría de la Dona de CCOO del País Valencià, «la degeneración de las condiciones profesionales, personales, y sociales de la mujer, así como la división sexual del trabajo. Esta discriminación viene de la época anterior al franquismo», afirmó. Neus Pont señaló que la aparadora de calzado es una profesional «muy cualificada, aunque cobre menos que el hombre, ya que el convenio colectivo en este sector prácticamente no se aplica y existe un fraude laboral y fiscal de límites alarmantes», comentó. Trabajo clandestino El trabajo realizado por las universidades de Alicante y Valencia, con la colaboración del Centro de Investigación y Desarrollo Estratégico (CIDES) recogió también las impresiones de 275 mujeres que trabajaban de forma clandestina. Entre otras consideraciones, un 48% de las encuestadas manifestó su deseo de trabajar de forma legal y un 41% quería abandonar el trabajo. También se comprobó que se realizaban jornadas de 12,36 horas diarias.«La gran mayoría de las las aparadoras empezó a trabajar entre los 12 y los 18 años y en su propio domicilio. Muy pocas lo han hecho una vez cumplidos los veinte años. Ahora son muy pocas las mujeres jóvenes que siguen en este trabajo. Las madres, desde luego, no quieren que sus hijas se dediquen al aparado», comentó Neus Pont.Faltan aparadoras Hace un mes el secretario de los industriales de Elche, Pedro Méndez, explicaba que «aunque se organizan cursos de aparado, cada vez cuesta más completarlos. Las mujeres, si encuentran otra actividad que les resulte más interesante, deciden abandonar el aparado, mientras que los jóvenes no demuestran mucho interés. La alternativa sería pagar más este trabajo, pero eso sólo se podría hacer si te lo permite el mercado y no es fácil, ya que le crearía problemas económicos a las empresas». Pedro Méndez señalaba que en Elche ya hay empresas que han trasladado el aparado a Túnez y Marruecos. «Actualmente pueden haber entre veinte y treinta empresas en esta situación y en el futuro esto tiene visos de ir aumentando», explica.

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