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Primeras Jornadas Europeas de la Lana en Mérida


Estos días se están celebrando en Mérida las I Jornadas Europeas de la Lana, en las que participan 75 españoles y otros tantos extranjeros procedentes de países de dentro y fuera de la UE (Reino Unido, Italia, Francia, y también Noruega o Suiza). La lana no pasa por buenos momentos ni en España ni en el resto de Europa: «si una oveja no te da tres kilos de lana, no vas a costear el esquileo». Europa importa lana y es incapaz de sostener y darle valor a su propia producción. Por eso 150 expertos del continente debaten estos días cómo solucionar el problema. En los siglos XVII y XVIII la producción lanera le reportaba tantos beneficios a España, y se costearon con ella tantas empresas militares, que casi sustituyó al dinero como medio de intercambio comercial. Pero en el Tratado de Roma, en el que se fundó el Mercado Común Europeo, comenzaron los males de la lana al no considerársela dentro de los productos derivados del campo, como la carne o la leche. Actualmente en España hay 42 millones de ovejas, de los que 3,5 millones de reproductoras merinas se encuentran en Extremadura.Hoy día, la industria textil de la UE se abastece de materia prima exterior procedente de Nueva Zelanda, Australia o Argentina, países que adaptaron la hispánica oveja merina, mientras que la lana comunitaria «no la quiere nadie».Lo dice José Ambrona Gragera, un veterinario extremeño vicepresidente del Grupo de la Lana Europeo, una asociación interprofesional (ganaderos, industriales textiles, técnicos) que se ha propuesto acabar con esta situación.Las jornadas sobre la lana, organizadas por el citado grupo, la Asociación de Ganado Merino de España y la Lonja Agropecuaria de Extremadura tienen como objetivo revalorizar la lana continental, para lo cual demandan de la UE una línea de ayudas que contribuyan a profesionalizar el sector y mejorar la calidad del género.»Nuestra intención es darle valor bajo el lema Lana de Europa, lana de calidad, refiere José Ambrona. Frente a la carne o la leche, sí incluídas dentro de las ayudas de política agraria, la lana es la gran olvidada pasando a un segundo o tercer plano. Otra propuesta es conseguir una marca propia que identifique la lana procedente de países europeos.Los ganaderos no ven incentivos, y se produce una materia prima «que casi nadie quiere». Las subastas quedan desiertas, y en España por un kilo apenas se pagan 60 pesetas, cuando esquilar un animal te cuesta 160. Centros de clasificación de lana, manuales de manejo para los ganaderos en pro de la calidad, una alimentación adecuada, escuelas de pastores y esquiladores, etc., serán algunas de las propuestas que pueden salir de estas jornadas.

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