La ONG Disclose ha publicado varios informes sobre la operativa de Decathlon, con acusaciones de explotación laboral y otras irregularidades.

La fórmula del éxito de Decathlon es fabricar y vender prendas innovadoras, resistentes y, sobre todo, asequibles. Sin embargo, la marca no es ajena a algunas investigaciones que pretenden ponerla en solfa. Recientemente, la ONG Disclose ha publicado varios informes sobre el gigante de la venta de artículos deportivos, que han tenido eco en publicaciones de gran alcance como el periódico francés Le Monde.

Disclose, Decathlon, Familia Mulliez
Tienda de Decathlon en el centro comercial La Maquinista, en Barcelona.

Decathlon ha duplicado su facturación durante los últimos diez años. En 2023 alcanzó los 15.600 millones de euros, con un beneficio de 931 millones de euros. Su accionista mayoritario es la familia Mulliez, propietaria también de Leroy Merlin, Auchan y Kiabi. La empresa no suele ser objeto de controversias, pero su imagen ya se vio empañada a finales de 2023 cuando Disclose reveló que seguía vendiendo sus productos en Rusia a través de empresas domiciliadas en paraísos fiscales.

Durante un año, Disclose ha investigado en profundidad las dinámicas comerciales de la multinacional francesa. Recientemente, ha desvelado varios documentos sobre las consecuencias humanas y ecológicas de su estrategia low cost.

Según Disclose, los principales proveedores asiáticos de Decathlon recurren a varias formas de esclavitud. Sus condiciones de producción son consecuencia de la presión sobre los costes que la marca francesa impone a sus subcontratistas.

¿Moda rápida a cualquier precio?

Aunque la marca se ha esforzado para no ser considerada low cost, sus bajos precios la impulsan a fabricar la mayoría de sus prendas a través de subcontratistas. Según datos de Disclose, Decathlon tiene una red de 1.264 talleres en todo el mundo y solo nueve plantas de producción propias. En primavera de 2024, renovó su imagen corporativa y la de sus marcas.

Sus principales proveedores están en Asia: por orden de importancia, en China, Vietnam y Bangladesh. En este último país, trabaja con proveedores de coste muy bajo, y emplea a adolescentes a los que legalmente les puede pagar menos del salario mínimo, según las informaciones de Disclose.

«Los trabajadores que fabrican los productos Quechua, Kipsta, Domyos y Kalenji pagan el precio del sistema Decathlon«, afirma el informe de Disclose. La segunda parte de su investigación revela que uno de sus principales socios locales recurre al trabajo forzoso de los uigures, la minoría perseguida por el gobierno chino.

La tercera parte del informe de Disclose indaga en el origen del cuero usado para fabricar las botas de montaña Quechua. Las fábricas que las ensamblan en Vietnam utilizan pieles brasileñas con el riesgo de contribuir a la erradicación de los bosques del país.

Enfrentado a Disclose, Decathlon ha declarado su «compromiso con las compras responsables y con la condena de todas las formas de trabajo forzoso y trabajo infantil«.

Para más información: https://disclose.ngo/en/investigations/

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