Los aranceles de Trump fracasan en recuperar la producción textil en EE.UU.
Estados Unidos impactó al mundo el 2 de abril de 2025 al imponer elevados aranceles en la importación de productos a prácticamente todos los países del planeta. La justicia estadounidense declaró recientemente esos aranceles como anticonstitucionales, ¿qué queda ahora de esas medidas? ¿Tuvieron algún efecto en el país, cada vez menos líder en el comercio internacional?
Hace ya más de un año, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció radicales aranceles a sus socios comerciales en todo el mundo. Los incrementos iban desde un impuesto universal del 10% a alzas de hasta el 49% para países como Camboya, en su momento. Su objetivo era «corregir los déficits comerciales crónicos que amenazan nuestra seguridad y estilo de vida, e impulsar la relocalización de la producción en Estados Unidos«, tal como recoge el medio estadounidense Sourcing Journal.

Doce meses después, el programa arancelario de Donald Trump ha sido declarado contrario a la Constitución de EE.UU. por los tribunales del país. La anulación de esta medida obligará a devolver cerca de 130.000 millones de dólares a las empresas que ya hayan abonado estas tasas.
Por otro lado, numerosos estudios como el reciente 2026 Reshoring Index (Índice de Relocalización) de Kearney han demostrado que el crecimiento de la producción nacional sigue siendo negativo, sin signos de mejora en 2025. En otras palabras: los fabricantes estadounidenses no se beneficiaron de la política arancelaria. De hecho, la producción manufacturera disminuyó un 0,4% (28.000 millones de dólares). La producción de textiles, en particular, se redujo un 4%, mientras que la confeccionista lo hizo un 17%.
Por el contrario, las importaciones combinadas de 14 países asiáticos de bajo coste, como China —a pesar de ser severamente penalizadas por los aranceles estadounidenses— crecieron un 6%.
Diversificación de proveedores, aún lejos de EE.UU.
Los aranceles pueden haber impulsado la diversificación comercial y de proveedores, pero no hacia el mercado estadounidense, ni siquiera hacia el hemisferio occidental. Así lo explica el reciente Fashion Industry Benchmarking Study, de la asociación estadounidense de moda USFIA.
Un porcentaje récord de empresas encuestadas amplió sus contactos con proveedores a más de diez países el año pasado. Incluso con ese impulso por diversificar el suministro, Asia sigue dominando las importaciones de moda en Estados Unidos. En términos de valor, el 72,6% de las importaciones de prendas de vestir de EE.UU. procedían de Asia en 2025, un 1% más que el año anterior.
La propia USFIA confirma en su web que el 98% de las prendas de moda y confección que se venden en Estados Unidos se importan de otros países.

Menos producción en América
Las importaciones estadounidenses de ropa procedentes de países del Tratado de Libre Comercio con Centroamérica disminuyeron un 6,7% en valor y un 8,1% en cantidad respecto al año anterior, según datos del Consejo Nacional de Organizaciones Textiles (NCTO). En cambio, las importaciones textiles procedentes de países del sudeste asiático experimentaron un fuerte aumento. Es el caso de Bangladesh (12,4% en cantidad), Camboya (35,3%), Pakistán (15,4%), Indonesia (13,9%) y Vietnam (12,9%).
La realidad social es tozuda. Las sociedades —con sus personas, instituciones y empresas— tienen su forma de ver las cosas y de actuar. El poder político, incluido el presidente Trump, siempre experimenta dificultades para torcerla. Esta cultura tiene raíces más profundas que unas leyes oportunistas.
Las empresas conseguirán casi siempre sus propósitos. Si no se puede exportar de A a B, lo harán a través de C. Sea legal, alegal o incluso ilegal.
Los costes, tanto salariales como normativos y de otros tipos, constituyen también un obstáculo para la relocalización. La industria no volverá a países de costes elevados, como Estados Unidos, si puede moverse en entornos mucho más baratos.
En tercer lugar, y esto lo sabemos bien en España y en el resto de Europa, el sector manufacturero depende en buena parte de su propia tradición industrial, de su know-how, de sus plantillas. Todo esto no se improvisa ni se construye en 5 años. Si el sector textil-moda se ha perdido en muchas zonas, con él se ha perdido una experiencia que cuesta años recuperar, si es que se consigue. Hacen falta inversiones millonarias en activos fijos. Así como mucho esfuerzo para recuperar la reputación de un sistema productivo.
Para más información: https://www.kearney.com/us-reshoring-index / https://www.usfashionindustry.com
Sigue leyendo...
Mientras Europa pierde capacidad productiva y competitividad empresarial, Euratex busca la...
La industria de la moda encara un 2026 lleno de desafíos,...
El Cluster Català de la Moda (Modacc) organizó el martes 16...
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, atrasa la aplicación de...
Múltiples asociaciones y empresas de la industria de la moda han...
Europa ha amanecido el 3 de abril con la retahíla de...
