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Dos que dejan la piel


V.Montes, La Carrera (Asturias), para La Nueva España «Dana», una perra pastor alemán, camina a sus anchas por la enorme nave en la que trabajan sólo dos hombres. El olor a cuero y productos químicos llena el aire contraponiéndose al más amargo que emana de algunas pieles aún no tratadas. Angel Villanueva Boixo y Eugenio García Alonso son los únicos empleados en la última curtidora industrial de Asturias: Curtidos La Carrera. Las piezas que curten las venden principalmente a dos fábricas de calzado, una en Mallorca y la otra en Toledo. El resto se reparte entre los distintos guarnicioneros de Asturias. Lo que antaño fue un próspero negocio en el que llegaron a trabajar más de cincuenta empleados hoy se mantiene casi más como vestigio que como otra cosa. El grupo folklórico «El Ventolín» expuso durante la tarde de ayer las líneas generales de su última investigación: «Cueros: curtidores y pellejeros», a cargo de Paz Medina Corzo. Apoyada por el testimonio de quienes conocieron de cerca la actividad de curtidos que se desarrollaba en Siero, Paz Medina reveló datos sobre una actividad a punto de extinguirse en la región. «Por un lado, y de forma fundamental, la aparición de los plásticos. También hay que destacar que gran parte de la industria del cuero se destinaba a las guarnicionerías, para animales de tiro en la mina o la agricultura. Además, probablemente fuesen necesarias actuaciones de modernización, que suponían una fuerte inversión económica», apunta Paz Medina. Cuero de vaca asturiana

Aunque en Pola de Siero existen guarnicioneros, salvo la empresa de La Carrera, ya no existen curtidores. En la última fábrica de Asturias las pieles provienen de mataderos. Dicen que el cuero de las vacas asturianas es uno de los mejores, «por los pastos, la humedad y el clima», apunta Paz Medina. Angel Villanueva y Eugenio García sacan de uno de los grandes bombos las pieles teñidas. «Yo esto lo aprendí mirando cómo lo hacían otros», comenta Eugenio, a la vez que, amargamente, responde con un «qué se le va hacer» cuando se acuerdan de que son los únicos que mantienen en Asturias una industria que ha acompañado a los hombres desde sus orígenes: el aprovechamiento de las pieles de animales. Fuera de la nave se tienden al sol varios cueros, para que sequen sobre unos tableros de madera. El proceso es en todo momento artesanal y la maquinaria no ha cambiado en años. Curtidores para todo

Paz Medina destaca las características peculiares de los curtidores, «que en muchos casos trabajaban de forma familiar y sin especialización. Alguno cuenta que hacía de todo e, incluso, atendía el ganado de los dueños». El trabajo del grupo folklórico «El Ventolín» recupera también la ya desaparecida imagen del pellejero, «que iba por los pueblos pidiendo las pieles de las vacas que mataban los vecinos, para después venderlas». Angel Villanueva y Eugenio García son conscientes de que son los últimos representantes de un gremio que camina a su extinción en Asturias. «En Cantabria había una curtidora con mil empleados y cerró de la noche a la mañana», recuerda Eugenio García. En la soledad de una nave descuidada e inmensa, los dos hombres trabajan cada día. La perra «Dana» entra de vez en cuando. La imagen parece casi fantasmagórica, pero hay quien no duda de que lo que ve no es más que el espectro que anticipa una muerte.

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