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El grupo peletero Colomer decide redoblar su apuesta por el mercado chino de curtidos


Paloma San José para ExpansiónEl grupo de Vic pretende hacerse con el control de la planta china y comenzar a invertir para reiniciar la producción. El resto del capital está en manos del socio local Xing Tai Tannery. La planta tiene una capacidad de tratamiento de cinco mil pieles diarias y está situada en Xing Tai, a 400 kilómetros al sur de Pekín. Se trata de una planta de ribera, especializada en procesar la piel para limpiarla y fijarla. Estas plantas de semiacabados reciben la materia prima de los curtidores y se la entregan una vez tratada, por lo que facturan en concepto de trabajo y no de ventas. Pero a la empresa se le ha metido una china en el zapato. El director general de Adobinve, fábrica de Colomer en Tarragona, y responsable de la construcción de la planta china, Josep Lluís Garcia, explicó que «hay serias dificultades para ponerse de acuerdo sobre el valor de la compañía». La compañía de Vic sólo tiene intención de invertir si consigue la mayoría de las acciones. García dirigió la construcción de la planta entre 1984 y 1990, todo un lujo empresarial en una época en que el tío Sam aún no había desembarcado en China con toda su artillería empresarial, pues sólo estaba presente con la multinacional Coca-Cola y faltaban por llegar arietes como McDonalds. Colomer firmó un contrato de asistencia técnica con el Gobierno chino, puso maquinaria nueva y se encargó del inicio de la producción. El contrato incluía una opción, que se materializó cuando Colomer compró una participación del 25% entre 1990 y 1991. China y Turquía son algunos de los principales mercados mundiales de la piel. Presencia exteriorEl proyecto reforzaría la presencia exterior de Colomer, que cuenta con fábricas de curtidos en Gran Bretaña, Grecia, Líbano y Nigeria. También cuenta con fábricas de materia prima en Irlanda y Gran Bretaña. En España, cuenta con plantas de curtidos en Vic y Montmeló. Mientras tanto, la firma desarrolla su otro gran proyecto: Colomer prevé iniciar la producción en Adobinve, la antigua Morapiel, el próximo noviembre, con un retraso de dos meses a causa de las obras para reacondicionar la depuradora. No obstante, la planta inició una labor secundaria de planchado de lana el pasado 20 de septiembre. Adobinve está participada por Colomer en un 66,6% y por Eplicsa (el hólding de la Generalitat) en un 33,3%. Colomer ha arrendado las instalaciones a la Seguridad Social por un periodo de tres años en el que se comprometen a invertir 2,28 millones de euros (380 millones de pesetas). La Seguridad Social es deudora de la firma de Móra d’Ebre, en suspensión de pagos. Los responsables de Colomer están a la espera de que la Administración convoque una subasta para hacerse con la planta. El plan de futuro prevé la entrada en beneficios a partir del tercer ejercicio, con una facturación de 5,82 millones de euros (969 millones de pesetas). La planta tratará inicialmente seis mil pieles y facturará 2,4 millones de euros (400 millones de pesetas) el primer año. La «locomotora» de la piel Aunque, según García, el papel de Adobinve será el de «una fábrica más dentro del grupo», la planta incrementará la cuota de mercado de ribera de Colomer en diez puntos, lo que situará su participación en un 30%. Loewe, Versace, Louis Vuitton, Burberrys y Armani son algunos de los clientes de las fábricas de curtidos del grupo peletero. Colomer volvió a los beneficios en 1999, con un resultado de 1,74 millones de euros (290 millones de pesetas), tras dos años de números rojos. Las mayores pérdidas, que ascendieron a 15 millones de euros (2.500 millones de pesetas), se registraron en 1998. El actual director de Adobinve ha sido uno de los principales encargados de desengrasar los proyectos exteriores del grupo. Este químico se encargó de poner en marcha una planta en Pakistán que Colomer, finalmente, vendió en 1984. puso en marcha Huavi Leather al tiempo que fue testigo de la lenta y tímida apertura del coloso chino a Occidente. Y del coloso chino pasó a Grecia, donde se encargó de construir la segunda fábrica de Colomer. Durante nueve años fue director de planta en Gran Bretaña.

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