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La actividad zapatera en Elche baja un 30% y presagia una nueva crisis


GASPAR MACIÀ • ELCHE para LA VERDADEl calzado está entrando en una etapa de desaceleración del crecimiento. O para decirlo más llanamente, una nueva crisis se adivina en el horizonte. Tras cuatro años de constantes crecimientos, el pasado ejercicio ya marcó un ligero retroceso en la exportación y la producción, que se ha visto acentuado en el primer trimestre del 99. La patronal zapatera ilicitana estima entre un 30% y un 40% el descenso generalizado de la actividad en la comarca en relación con el año pasado, circunstancia que está originando situaciones insólitas en los últimos tiempos, como que la oferta de aparadoras supere la demanda. El presidente de la asociación zapatera de Elche, Antonio Galiana, confía, no obstante, en que la crisis sea más leve y corta que las anteriores. Tanto el presidente de la patronal zapatera ilicitana, Antonio Galiana, como los industriales consultados por La Verdad coincidieron en cifrar entre el 30% y el 40% el descenso en la actividad de las empresas de la zona durante este trimestre, en relación con el mismo período del pasado ejercicio. Aún siendo importante este descenso, Galiana considera que la comarca ilicitana «está saliendo mejor parada que otras zonas zapateras, donde se ha acusado todavía más esta disminución de la actividad».

El ejercicio comercial del 98 se cerró con un ligero descenso del 1,3% en el volumen de pares exportados, pero las fábricas españolas produjeron un 2,5% menos. En ambos casos, sin embargo, se superó el montante económico del ejercicio anterior.

Aparadoras en paro Si existe un síntoma que determine el alcance de un período de baja producción en el calzado –fuera de los obligados por la estacionalidad– es la disponibilidad de aparadoras. Un colectivo altamente demandado en los últimos años, cuya escasez ha llevado a muchas empresas a montar talleres propios o a integrarlas de nuevo en el interior de las fábricas, pero que está viendo en los últimos meses a muchas de sus integrantes sin apenas faena. Un técnico de la patronal local, Francisco Canals, explicaba que talleres de aparado y de cortado del Bajo Vinalopó y de la Vega Baja se han dirigido a ellos para ver si conocían fábricas que pudieran necesitar de sus servicios. Una situación que hacía años que no se daba, y que si no se produce pronto un repunte de la producción, puede llevar a muchos de estos trabajadores a la inactividad. Se trataría de una nueva etapa de recesión o de estancamiento que el sector vive periódicamente, y que llega tras cuatro años de incremento ininterrumpido de la producción y las exportaciones. Las causas de este descenso no vienen originadas, como en ocasiones anteriores, por un único efecto –caída del dólar, alta paridad de la peseta, etc.–. Se trata de un cúmulo de circunstancias en las que intervienen aspectos como las crisis en Rusia, el Sureste asiático y Latinoamérica, las importaciones cada vez mayores y que el año pasado alcanzaron los 60 millones de pares –el 53% del consumo interior de calzado–, o la acumulación de stocks por una recesión en el consumo internacional. El calzado español deberá acostumbrarse a convivir con algunos de estos aspectos, como el aumento de la entrada de calzado del exterior, un fenómeno creciente en los últimos años, tanto en volumen como en precio. Ante ello, Antonio Galiana reitera que «nuestra única arma tiene que ser una apuesta firme y decidida por la calidad y la moda» Menos dramático Aunque el horizonte es preocupante, los industriales consultados coinciden en que los efectos negativos que la actual situación adversa pueda acarrear no alcanzarán las de otras anteriores crisis, traducidas en cierres de empresas y despidos. Se confía en que la diversificación de mercados en el exterior y la creciente apuesta de las empresas del sector por la exportación permitan paliar los efectos de esta etapa recesiva. También se espera que, de concretarse el ciclo regresivo, no sea tan largo como otros anteriores. Galiana es optimista al respecto y expresa su confianza en que «se trate sólo de un bache y que la producción se reactive con la campaña de otoño-invierno, que ha pasado a ser la temporada fuerte». En el aspecto laboral, Francisco Canals destacaba los modalidades actuales de contratación, como el fijo discontinuo o el eventual, permitían a las empresas sortear estas épocas adversas sin recurrir a expedientes de regulación. Estas figuras incorporadas al convenio contemplan ya circunstancias con las actuales.

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